una decisión puede destruirte.
Una decisión puede transformarte, o puede destruirte.
Pero toda decisión tiene consecuencias y, mientras la
sublevación se asienta en las Facciones a su alrededor, Tris Pior debe
seguir intentando salvar a aquellos a los que aprecia —y a sí misma—
mientras lidia con preguntas demoledoras de desdicha y benevolencia,
identidad y lealtad, política y amor.
El día de la Iniciación de Tris debió estar lleno de festejo y victoria con
la Facción de su elección; en cambio, el día terminó con espantosos
horrores. Ahora, la guerra está en ciernes, mientras el conflicto entre
las Facciones y sus ideologías crece. Y en tiempos de guerra, los bandos
deben ser elegidos, secretos saldrán a flote, y las decisiones se volverán
más irrevocables e, incluso, más poderosas.
Transformada por sus propias disposiciones pero también por la
desdicha y la culpa que la agobian, descubrimientos radicales y
relaciones en proceso de cambio, Tris debe abrazar por completo su
Divergencia, incluso si desconoce lo que podría perder al hacerlo.
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una elección te definirá.
¿Y si todo tu mundo era una mentira?
¿Y si una simple revelación, como una simple elección, cambiara todo?
¿Y si el amor y la nobleza te hacen hacer cosas que jamás esperaste?
Para Tris Prior, la sociedad basada en facciones que conocía y en la que
creía fue destruida por la corrupción del poder, la codicia, la pérdida y la
violencia. Así que cuando tiene la oportunidad de ver y experimentar el
mundo más allá de las paredes de su distópica Chicago, está lista para
eso. Tal vez, ella y Tobias encuentren una vida que es mucho más fácil y
simple, libre de dolores, mentiras y traiciones.
Pero la nueva realidad de Tris es aún más alarmante que la que había
dejado atrás. Antiguos descubrimientos se vuelven rápidamente sin
sentido. Nuevas verdades cambian a aquellos a quienes ama. Y una vez
más, Tris debe luchar para comprender las complejidades de la naturaleza
humana —y de sí misma— mientras se enfrenta a decisiones imposibles
sobre el coraje, la lealtad, el sacrificio y el amor.
emerjo de la simulación con un grito. Mi labio escuece y cuando quito mi mano
de ellos, hay sangre en mis dedos. Debo haberlo mordido durante la prueba.
La mujer de Intrepidez que está aplicando mi prueba de aptitud –Tori,
dijo que era su nombre– me da una mirada extraña mientras empuja su cabello hacia atrás y se
lo ata en un nudo. Sus brazos están marcados arriba y abajo con tinta, llamas, rayos de luz, y
las alas de halcón.
―Cuando estabas en la simulación... ¿estabas consciente de que era real? ―me
pregunta Tori mientras apaga la máquina. Suena y se ve despreocupada, pero es
despreocupación estudiada, aprendida de años de práctica. La conozco cuando la veo.
Siempre lo hago.
De pronto estoy consciente del latido de mi corazón. Esto es lo que mi padre dijo que
pasaría. Me dijo que me preguntarían si era consciente durante la simulación y me dijo qué
decir cuando me lo preguntara
No me hubiera voluntariado a entrenar a los Iniciados si no es
por el olor de la sala de entrenamiento, la esencia de polvo y sudor
y metal afilado. Este fue el primer lugar en donde alguna vez me
sentí fuerte. Cada vez que respiro este aire lo vuelvo a sentir.
En una punta de la habitación hay un trozo de madera con un
blanco dibujado en él. Contra una pared hay una mesa cubierta con
cuchillos para arrojar, feos instrumentos de metal, con un hoyo en
una de las puntas, perfectos para Iniciados inexpertos. Alineados
frente a mí están los transferidos de facción, que aún tienen, de
una manera u otra, las marcas de sus antiguas facciones: la espalda
derecha de los Sinceridad, mirada firme de los Sabiduría, y la
Estirada, apoyándose en la punta de sus dedos, lista para moverse.

La sala de entrenamiento huele a esfuerzo, como a sudor, polvo y zapatos.
Cada vez que mi puño golpea el saco de boxeo éste pica mis nudillos, que
están abiertos de hace una semana por las peleas en Osadía.
—Así que, supongo que viste los tableros —dice Amar, apoyado en el
marco de la puerta. Cruza los brazos—. Y te diste cuenta que vas en
contra de Eric mañana. O de lo contrario estarías en la sala del pasaje del
miedo en vez de aquí.
—También vengo aquí —le digo, y me alejo del saco, sacudiendo las
manos. A veces aprieto mis manos con tanta fuerza que empiezo a perder
la sensibilidad en la punta de mis dedos.
Casi pierdo mi primera pelea, contra la chica de Cordialidad, Mia. No sabía
cómo derrotarla sin golpearla, y no podía golpearla... al menos, no hasta
que me tuvo en una llave al cuello y mi visión estaba empezando a volverse
negra en los bordes. Mis instintos se hicieron cargo, y solo un fuerte
codazo en su mandíbula la tiró al suelo. Todavía siento la culpa envolverse
dentro de mí cuando pienso en ello.

El pequeño apartamento está vacío, el piso todavía manchado de golpes de
escoba en las esquinas. No poseo nada para llenar el espacio, excepto mi
ropa de Abnegación, que está metida en la parte inferior de la bolsa a mi
lado. La arrojo al colchón desnudo y reviso los cajones debajo de la cama
en busca de sábanas.
El sorteo de Osadía fue amable conmigo, porque ocupé el primer lugar, y
porque a diferencia de mis compañeros iniciados salientes, quería vivir
solo. Los otros, como Zeke y Shauna, crecieron rodeados de la comunidad
de Osadía, y para ellos el silencio y la quietud de vivir solos serían
insoportables.
Hago la cama rápidamente, tensando la sábana, ya que apenas tiene
esquinas. Las sábanas están lullidas en algunos lugares, de las polillas o
de un uso anterior, no estoy seguro. La manta, una colcha azul, huele a
cedro y polvo. Cuando abro la bolsa que contiene mis escasas
pertenencias, sostengo frente a mí la camisa de Abnegación... desgarrada,
de donde tuve que arrancar la tela para atar la herida en mi mano. Parece
pequeña, dudo incluso que pudiera caber en ella si intentara ponérmela en
este momento, pero no lo intento, solo la doblo y la dejo caer en el cajón.

Otro año, otro Día de Visita.
Hace dos años, cuando era un iniciado, fingía que mi propio Día de Visita
no existía, encerrado en la sala de entrenamiento con un saco de boxeo.
Estaba allí durante tanto tiempo que olía el sudor polvoriento durante
varios días. El año pasado, el primer año que entrené iniciados, hice lo
mismo, a pesar de que Zeke y Shauna me invitaron a pasar el día con sus
familias en su lugar.
Este año tengo cosas más importantes que hacer que golpear un saco y
estar deprimido sobre mi disfuncional familia. Me voy a la sala de control.
Camino por el Pozo, esquivando reencuentros llenos de lágrimas y
carcajadas. Las familias siempre pueden reunirse en el Día de Visita,
incluso si son de diferentes facciones, pero con el tiempo, por lo general
dejan de venir. Después de todo es “Facción antes que la sangre”. La
mayor parte de ropa mezclada que veo pertenece a familias de transferidos:
la hermana de Erudición de Will está vestida de azul claro, los padres de
Verdad de Peter están en blanco y negro. Por un momento miro a sus
padres, y me pregunto si ellos lo convirtieron en la persona que es. Pero la
mayoría de las veces, supongo que las personas no son tan fáciles de
explicar.