viernes, 2 de enero de 2015

trilogía el infierno de Gabriel

Una novela profunda y sugerente, llena de intriga, seducción y perdón.
Tan enigmática como la identidad de su autor... El misterioso y
atractivo profesor Gabriel Emerson, reconocido especialista en Dante,
es un hombre torturado por su pasado y orgulloso del prestigio que ha
conseguido, aunque también es consciente de que es un imán para el
pecado y, especialmente, para la lujuria. Cuando la virtuosa Julia
Mitchell se matricula en el máster que Gabriel imparte en la
Universidad de Toronto, la vida de éste cambia irrevocablemente. La
relación que mantiene con su nueva alumna lo obligará a enfrentarse a
sus demonios personales y lo conducirá a una fascinante exploración
del sexo, el amor y la redención. Con ingenio y sarcasmo, el autor
cuenta la odisea de Gabriel a través de su particular infierno de
tentación y amor prohibido.
El profesor Gabriel Emerson estaba sentado en la cama, desnudo, leyendo La
Nazione, el periódico de Florencia. Se había despertado temprano en la suite del ático
del Palazzo Vecchio del Gallery Hotel Art y había pedido desayuno al servicio de
habitaciones, pero no había podido resistir la tentación de volver a la cama para ver
dormir a la joven que estaba en ella.
Estaba tumbada de lado, de cara a él, y respiraba suavemente. El diamante que le
adornaba la oreja brillaba casi tanto como sus mejillas, sonrosadas por el calor de la
estancia, bañada por la luz del sol que entraba por los altos ventanales.
Las sábanas estaban deliciosamente revueltas y olían a sándalo y a sexo. Los
ojos de Gabriel se iluminaron mientras recorrían sin prisa la piel desnuda y el cabello de
Julia. Cuando volvió a la lectura del periódico, ella se movió y gimió. Preocupado, dejó
el diario a un lado.
Julia se encontraba sentada al escritorio, ajena a la música y a su
escrutinio. Estaba escribiendo en el ordenador portátil, rodeada de libros,
carpetas y dos cajas de papeles que Gabriel había transportado
diligentemente desde la planta baja de la antigua casa de sus padres.
Llevaban una semana instalados en Selinsgrove, descansando de sus
ajetreadas vidas en Cambridge, Massachusetts. Gabriel era profesor en la
Universidad de Boston, y Julia acababa de terminar su primer año de
doctorado en Harvard bajo la supervisión de una brillante académica que se
había formado en Oxford.


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