jueves, 1 de enero de 2015

saga crepúsculo

Nunca me había detenido a pensar en cómo iba a morir, aunque me habían
sobrado los motivos en los últimos meses, pero no hubiera imaginado algo parecido
a esta situación incluso de haberlo intentado.
Con la respiración contenida, contemplé fijamente los ojos oscuros del cazador
al otro lado de la gran habitación. Éste me devolvió la mirada complacido.
Seguramente, morir en lugar de otra persona, alguien a quien se ama, era una
buena forma de acabar. Incluso noble. Eso debería contar algo.
Sabía que no afrontaría la muerte ahora de no haber ido a Forks, pero,
aterrada como estaba, no me arrepentía de esta decisión. Cuando la vida te ofrece un
sueño que supera con creces cualquiera de tus expectativas, no es razonable
lamentarse de su conclusión.
El cazador sonrió de forma amistosa cuando avanzó con aire despreocupado
para matarme.
Me sentía atrapada en una de esas pesadillas aterradoras en las que tienes que
correr, correr hasta que te arden los pulmones, sin lograr desplazarte nunca a la
velocidad necesaria. Las piernas parecían moverse cada vez más despacio mientras
me esforzaba por avanzar entre la multitud indiferente, pero aun así, las manecillas
del gran reloj de la torre seguían avanzando, no se detenían; inexorables e insensibles
se aproximaban hacia el final, hacia el final de todo.
Pero esto no era un sueño y, a diferencia de las pesadillas, no corría para salvar
mi vida; corría para salvar algo infinitamente más valioso. En ese momento, incluso
mi propia vida parecía tener poco significado para mí.
Alice había predicho que existían muchas posibilidades de que las dos
muriéramos allí. Tal vez el resultado habría sido bien diferente si aquel sol
deslumbrante no la hubiera retenido, de modo que sólo yo era libre de cruzar aquella
plaza iluminada y atestada de gente.
Y no podía correr lo bastante rápido...
... por lo que no me importaba demasiado que estuviéramos rodeados por
nuestros enemigos, extraordinariamente poderosos. Supe que era demasiado tarde
cuando el reloj comenzó a dar la hora y sus campanadas hicieron vibrar el enlosado
que pisaban mis pies —demasiado lentos—. Entonces me alegré de que más de un
vampiro ávido de sangre me estuviera esperando por los alrededores. Si esto salía
mal, a mí ya no me quedarían deseos de seguir viviendo.
El reloj siguió dando la hora mientras el sol caía a plomo en la plaza desde el
centro exacto del cielo.
Bella se encuentra de nuevo en peligro: una serie de misteriosos asesinatos está
sembrando el pánico en la localidad y hay un ser maligno tras ella, sediento de venganza.
Además, tendrá que elegir entre su amor por Edward y su amistad con Jacob, consciente
de que su decisión podrá desencadenar definitivamente la guerra entre vampiros y
hombres lobo. Mientras, se va acercando su graduación y tendrá una decisión más que
tomar: vida o muerte. Pero, ¿cuál es cuál?
Había tenido a estas alturas de mi vida un cupo más que razonable de experiencias cercanas a la muerte, aunque desde luego no es algo a lo que uno
pueda llegar a acostumbrarse.
Parecía extrañamente inevitable el que sufriera otro nuevo enfrentamiento con la muerte. Daba la impresión de que estaba marcada por el desastre.
Había escapado una y otra vez, cierto, pero continuaba viniendo a por mí.
Sin embargo, qué distinta era esta vez respecto de las otras.
Puedes huir de alguien a quien temes, puedes intentar luchar contra alguien a quien odias. Todas mis reacciones se orientaban hacia esa clase de
asesinos, tanto monstruos como enemigos.
Te quedas sin opciones cuando amas a tu potencial asesino. ¿Acaso es posible huir o luchar si eso causa un grave perjuicio a quien quieres? Si la vida
es cuanto puedes darle y de verdad le amas por encima de todo, ¿por qué no entregársela?
Me pregunto qué te parecerá Bree. En Eclipse es un personaje muy breve y
en apariencia trivial. Su vida se reduce a cinco minutos desde el punto de
vista de Bella, y aun así, qué importante es su historia para la comprensión
de la novela. Cuando lees la escena de Eclipse en la que Bella está mirando
fijamente a Bree y la considera como su posible futuro, ¿en algún momento
se te ocurrió pensar en lo que habría llevado a Bree hasta esa situación en el
tiempo? Cuando Bree le sostiene la mirada, ¿te preguntaste cómo vería ella a
Bella y a los Cullen? Es probable que no. Pero aunque lo hicieras, apostaría a
que nunca te imaginaste sus secretos.





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